cABECERA
 

ENERO
por Francisco López Martínez


 

En enero, el humo de la lumbre queda justificado
y el vaho de los cristales se parece,
a nuestra envoltura corporal que nos impide
ver el más allá.

No creo que a nadie le guste llamarse enero.

Enero es el mes quieto, el de la desnudez suprema,
en enero, una flor roja en una ventana
parece una blasfemia.

En enero se tiene poca sed y mucha hambre,
todo lo que es liquido tiende a solidificarse
y lo que es sólido se hace más sólido todavía.
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En enero los mármoles y los sepulcros
son todo lo fríos que deben ser.

En enero se escucha el estupor de los ciegos
que sienten el frío más que los demás.

Enero por un lado mata y por otro
preserva la corrupción de los cadáveres.

Enero, sólo se contenta con silbar y
movilizar todas las bufandas del universo.

 





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA MÚSICA Y EL SILENCIO
por Francisco López Martínez


 

Cogidos, de la mano van
como racimo y sarmiento
como la harina y el pan
como las nubes y el viento.

Como quejido y dolor
como la nieve y el cierzo
como suspiro y amor
como el poeta y su verso.

Juntos van por el camino
Buscando el mismo destino.

La Música... esa nota melodiosa
que acaricia la mente, vigoriza el espíritu,
emociona el alma.

El silencio... creación, pentagrama vacío,
paz, recuerdos, poesía,
pensamientos.

En primavera, cuando las viñas relucen bajo el sol
y las amapolas perfuman los trigales,
me gusta respirar el silencio.

Oír a la Zumaya cantar
y bajo el fulgor de la noche estrellada,
captar, el revuelo sigiloso de la lechuza en el olivar.

Y en la amanecida, cuando la luz dibuja
la silueta de los montes y el astro de fuego
difumina el crepúsculo matutino,
escuchar, el reclamo deleitoso de las perdices
mientras la aurora calla…

Gorjeos, pitidos, trinos enamorados
de las avecillas del campo.

Silencio divino, música ancestral,
bendito sea Dios porque creó la música,
bendito sea Dios creador del silencio.

Sin ellos la vida sería, la locura tétrica
de un enorme ruido entre dos silencios.
El silencio del vientre de la madre
y el silencio de la muerte.

Cogidos de la mano, abrazados van...
la música y el silencio.

 





 

 

 

 

 

 

 

 

 
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