EL CASO DE LOS LIBROS ROBADOS
por Adrián Carvajal Rufo
Era una noche fría para la villa de Burujón. En ese mismo día se acercaba una tormenta negra y oscura que amenazaba con echar una buena tunda de agua. En aquel justo instante entraba, en aquellos metros cuadrados de superficie plana, un dispuesto detective a averiguar los casos de aquella villa misteriosa.
Era su primera noche, no tenía cobijo ni resguardo donde habitar. Entonces esa fría noche la pasó al lado del ayuntamiento donde se encontraban todos los bares cerrados para tomar una caña bien fresca. Entonces nuestro intrépido detective se quedó allí tirado, durmiendo hasta que llegó la mañana y abrieron el ayuntamiento. Justamente a las siete y media, como ponía en un papel abrieron el ayuntamiento y el detective se quedó dormido hasta las nueve, porque por la noche no había pegado ojo, menos un ratito porque no podía más. Entonces, tan dispuesto el detective entró en el ayuntamiento. Cuando estaba en el mostrador se acercó un empleado y le preguntó qué quería; él dijo que quería hablar con el alcalde sobre un caso que no era de importancia y le dejó entrar.
El alcalde se alegró de verle y le dijo que a continuación pasara a su despacho a hablar sobre el tema sospechoso sobre del que sólo sabían él y el alcalde. Entonces el alcalde se puso muy nervioso, cerró la puerta y las ventanas con llave para que nadie les escuchara. Entonces el alcalde le preguntó:
- ¿Aún no ha averiguado nada sobre quién podría ser el ratero de los dos libros?
-Todavía no, pero los dos libros más antiguos de Burujón no pueden andar muy lejos de donde estamos.
- ¿Puso las patrullas rodeando todo el pueblo como le dije?
- Si pero de alguna manera o de otra se nos ha escapado por algún lado.
- Bueno usted continúe investigando y cuando encuentre alguna pista me vienes a avisar, pero, recuerda, nadie lo pude saber porque haría correr un rumor de lo que ha pasado y lo estarían hablando durante siglos- dijo el alcalde.
Cuando ya llegó el atardecer y todos los trabajadores se habían ido, sigilosamente entró el detective a pedir las llaves al alcalde para aquella noche estar investigando el misterioso caso; era su primer caso, o sea que intentaría no meter la pata. Cuando llegó al ayuntamiento se apagaron las luces y se cerró la puerta misteriosamente, y el detective decía:
-¿Hay alguien ahí? ¿Estoy solo?
Pero a pesar de todo esto no tenía ningún miedo a lo que le pudiese ocurrir allí dentro.
En ese momento alguien aporreaba la puerta pidiendo auxilio, le parecía mucho la voz del alcalde y se imaginó que sería el ladrón que iría a robar más libros o documentos privados que solamente se pueden mirar con acceso autorizado. Aún con las luces apagadas en todo el pueblo pensaba alguna forma sin hacer ruido de entrar dentro del ayuntamiento. Ya lo tenía, se podía colar por el nuevo centro de asociaciones extraescolares. Aunque no era muy buena idea porque no había ventanas pero sí una puerta para pasar al ayuntamiento pero como siempre estaba cerrada con llave. Tuvo que hacer algunos apañes en la cerradura para poder pasar adentro; pero aún no lo tenía tan fácil, tenía que abrir también la puerta del ayuntamiento y con menos ruido. Entonces se le ocurrió una idea como en las películas; como tenia una horquilla decidió romper la cerradura y abrir la puerta, aunque, la mala suerte fue la de que la puerta estaba oxidada y se cayó al suelo. Entonces el ladrón o persona sospechosa se fue para el segundo piso. El detective ya no tenia nada que temer excepto que la persona sospechosa tuviese un arma y él no.
Cuando consiguió llegar al segundo piso sin caer en más trampas del sospechoso; vio luz en una habitación; abrió la puerta poco a poco hasta ver al alcalde atado a una silla, pero parecía que conocía al sospechoso de antes. Era el hombre que le había atendido en recepción. Eso explicaba que tuviese las llaves para colarse, pero éste no era el ladrón de libros, pero el detective decidió salvarle para poder investigar aquella noche.
El alcalde le dio las gracias al detective por salvarle y estaba muy agradecido, pero aún le quedaban dos asuntos: pillar al sospechoso ladrón y ponerle fin. Al final de todo el alcalde le dejó quedarse para que investigara un poco más antes de cerrar el caso y darse por vencidos.
Por lo menos esa noche había conseguido salvar al alcalde y dar de nuevo la luz a la villa.
Cuando estaba a punto de dormirse, algo le sorprendió tanto que se levantó de un salto de la silla y se agachó para verlo detenidamente. Echó agua y de repente apareció una huella, posiblemente la del sospechoso que cogería el libro y al llevar tanto peso se le cayeron al ir a recogerlos. Solamente le faltaba conseguir una maquina con todas las huellas dactilares de las que tiene la policía.
Cuando la consiguió escaneó la huella pero lo sorprendente es que no venía. Sería un fugitivo de la justicia que huiría de su país y querría ganarse algún dinerillo para poderse ir a vivir a otro lugar, comprarse una casa...
Lo más importante era encontrar más huellas y adivinar quién ha sido el malvado o malvada persona que querría una gran suma de dinero por dos libros antiguos, pero muy especiales para esta villa. Al amanecer, por todo el pueblo se rumoreaba lo de los libros robados y lo de que había un ladrón entre ellos. Si no lo pillaban pronto la gente habla de un traslado a otra ciudad o villa.
La gente ya estaba harta del detective que teníamos entre nosotros y decidieron darle un plazo de una semana para encontrar los libros perdidos o seria su fin de detective en este pueblo. El hombre que lo robó no tenía más de metro ochenta, ni era viejo porque si no se hubiera dejado un montón de huellas en su camino al robo.
Ya tenían más posibilidades de encontrar al ladrón porque ni era alto ni era viejo, de esas personas solamente habría unas trescientas y eso también les hacía aún subir las opciones de encontrar el misterioso ladrón. Cuando sólo le quedaban cinco días encontró más huellas en el despacho del alcalde: unas llaves de un ”Hyundai”, una foto de cuando era niño y su tarjeta de crédito, con esos tenia más que suficiente para descubrir quien se encuentra detrás de este misterioso hombre.
Descubrieron su dirección E-mail y con eso les bastaba para encontrar a cualquier persona que se les antoje, sólo les faltaba hacerse una cuenta G¬mail o el MSN para poder enviarles mensajes con preguntas como: ¿Por quería robar los libros, por placer o para ganarse unos eurillos? Cada vez la gente estaba más contenta, porque creía que dentro de poco iban a meter al ladrón entre rejas y no se teníanque mudar a otra ciudad o a otra villa. Al día siguiente sin querer se le escapó la dirección de su casa y el pueblo.
Cuando llegaron a Córdoba buscaron la calle Ramón y Cajal Número 6B y llamaron a la puerta, y salió un joven de no más de treinta y cuatro años. El detective entró a investigar y de repente vio a alguien, salió escopeteado por la parte de atrás y vio que llevaba dos libros con aspecto de antiguos y entonces pensó (el ladrón), y entonces se lió a correr detrás de él por un montón de calles estrechas y en algunos momentos saltando por tejados de casas muy juntas y le siguió hasta que se encontró encerrado en un callejón sin salida. Entonces el ladrón se dio a conocer. Era el secretario del ayuntamiento. Contó por qué había robado el libro:
- Robé los libros para poder ganarme algún dinerillo y poder salir de este trabajo oficinista del ayuntamiento y poder dar de comer a mi mujer y a mis hijos; por nada más, espero que no cuenten nada a las autoridades, aunque seguro que lo vais a hacer aunque sea un pobre hombre.
- Pues claro que usted va a ir a la cárcel, esto es un grave delito- dijo el detective con cara de satisfacción de haber resuelto el caso.
De madrugada fue a ver al alcalde y le dijo que se iba a resolver más casos no muy lejos de Burujón por si alguna vez le necesitaban, y con cara de satisfacción el detective de nombre Adrián Carvajal Rufo se fue mientras decía en bajo: ya soy un profesional.