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SOCIOS.....

GARCILASO
por Catalina Ramos


 

                                                                                   “Un claro caballero de rocío…”
                                                                                    Miguel Hernández

 

     Catorce de octubre de mil quinientos treinta y ocho. Recuerdo sus ojos. Ahora sólo veo con claridad lo que yo percibía en la curva de angustia con la que me miraba. Recuerdo el brillo azul de las aguas, los misterios neblinosos de las ninfas y los pastores enamorados junto al Tajo, en lontananza, en la profundidad, en la anchura de la vega; y veo la depresión del dolor, arriba, clavada en el corazón, amontonada en el cuarto oscuro abovedado ― rojo ladrillo, tierra y paja ―, que él llamaba ayer. Quiero su cuerpo aquí, en Toledo, en esta huérfana tierra que lo vio nacer, crecer y escribir aquello de así paso la vida, acrecentando materia de dolor a mis sentidos. Y sueño todas las noches.
     Estoy dormida, la luz de la luna entra en mi alcoba por la ventana abierta, se mezcla con la seda de la colcha y el vestido granate, hay un silencio mecido por la brisa, el cielo está plagado de estrellas, me asomo, en el sueño, porque creo oír las herraduras de su caballo aporrear el empedrado, lo veo, todas las noches, vestido de blanco, caballero sobre su montura. Y su cuerpo no es su cuerpo, su carne son endecasílabos que oscurecen todos los pliegos de papel amarillento que forman su piel. La letra es roja. Luego, de repente, arden, arden caballo y caballero. Y yo siento la claridad de su alma que sube hasta la ventana, incluso el calor, toco el calor con mis dedos helados. Luego una lágrima baja por mis mejillas, todo es otra vez silencio, hace frío, me vuelvo a meter en la cama. Y al rato otra vez la música, su palabra, sus versos; ahora llegando desde la torre de la catedral, penetrándome el alma. Yo sigo en la cama, en la oscuridad, con los ojos abiertos. Y él aparece, de pronto, envuelto por la luz de la luna, como una pompa de jabón, y me mira, y yo me derrito de amor.

…………………

     Pero esto no es verdad, nunca lo fue. Aunque sí lo es que hoy es catorce de octubre. Sí, pero de este otro octubre del futuro que cae hasta más allá de la línea rítmica que dibujara en el aire el poeta alicantino; ya también, como dijo el versificador madrileño, el de las gafas redondas, sólo polvo enamorado.
     En la actualidad Burujón es Toledo; tanto como Toledo es Burujón. Aquí escribo que me gustan los días de lluvia, como hoy. Y esto sí es verdad. Tengo la ventana abierta y oigo la música de su caída en la acera. El cielo está gris y blanco, como es lógico. La luz difusa que entra por la ventana me conmueve y me lleva a la infancia. Yo me crié en el norte; y allí, ya saben, llueve mucho. Bueno llovía mucho, ahora ya es otra cosa. La lluvia, esta lluvia lenta y continua, es buena para el campo. Es vida. Con ella la tierra se pone su traje nuevo, renacen las cosechas, los mares verdes orillados de amapolas.
     A veces estoy tentada de desnudarme y dejar que la lluvia caiga sobre mí, sólo por ver si se me oscurecen algunos cabellos.
     En este tiempo de latido miedo y fuga, Burujón es la barranca, el beso de libertad y amplitud que le falta a Toledo. Por eso, por esta verdad que llega hasta estos mis ojos cansados, estoy de obras en casa. Sí, esto es como irse a vivir a un descampado, al corral arruinado de la adolescencia. Aquí no hay agua, sólo la del río que viene como chocolate. Por haber no hay ni lumbre, no se puede cocinar. Y la leña está húmeda. Y la infusión de manzanilla, fresca, con un toque de limón, es sólo sueño. Veo una carretera de tierra en medio del desierto, y un camión que pasa; y crecer el polvo. Todo es polvo. Aquí se mastica el polvo, no te puedes sentar sobre nada si no quieres salir a la calle así, como una india embarrada. No os metáis en estas labores, mejor un paseo; mejor ir al cine, que es más fácil.
Escribo, en esto de escribir siempre estoy en el principio, siempre en obras.

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     Garcilaso es hoy ese claro caballero de rocío inmóvil que poseen las altas agujas de las catedrales de Toledo. Yo, Catalina Ramos, en cambio, este punto y final momentáneo que recibe el camino de Nohalos.

 

© Escritores en Red. Asociación Marqués de Bradomín.