Cabecera
.
SOCIOS.....

¡POR EL AMOR DE DIOS!
por Javier Ribas
II PARTE


 

     Me desperté. Miré hacia la ventana. El sol aún no atravesaba las rendijas de la persiana bajada. Confirme en el reloj digital que era de madrugada aunque amanecería en breve. Tumbada en la cama, desnuda y boca arriba, sentí como si me hubiera pasado un tren por encima. Haciendo un esfuerzo arrastré la mano hacia la otra parte de la cama para comprobar si no estaba sola. Lo hice despacio, con miedo, porque ya me imaginaba que no, que allí a mi lado no había nadie. Así fue. Otra vez volvió a ocurrir.
     Cerré los ojos intentando imaginar lo sucedido. No tenía solución. De nuevo un hombre que me dejaba. Y al hacerlo tenía que abandonar la idea de que él si que era para mí, el escogido.
     La noche había sido sensacional. Alguien me presentó a alguien que a su vez me puso frente a  aquel Adonis alto, guapo elegante y simpático. Las horas de conversación a su lado me parecieron minutos. Decidí que esa misma noche estaría con él. Le invité a mi casa. Siendo dos personas adultas sobraron las explicaciones. Pensé en ponerle en antecedentes pero me distraje con los prolegómenos del amor, que fueron excitantes.  Tanto que para cuando cruzábamos el umbral de la puerta de entrada a casa ya llevábamos ropa en la mano. Así que no dio tiempo. No pude hacerlo. No tuve tiempo de hablar.
     Aún recuerdo su maravillosa piel, su boca, sus ojos, y sus manos. Me encantó su olor. Me excitó tanto que pude colorear sus aromas. Recorrí su cuerpo como una serpiente se enrosca al tronco de un árbol. Él, un poco pasivo eso sí, se dejó hacer. Yo me aproveché de aquel ofrecimiento. Mi cuerpo era agua capaz de bañar todos sus poros ofreciéndole mis cinco sentidos, visto, oído, olfato, gusto y tacto.  Todos siendo uno. Sé que me encontré subida a él, para tomarlo, para poseerlo, para gozarlo… y no me acuerdo de nada más.
     Allí quedé, tendida en la cama, esperando el amanecer,  rodeada de soledad y silencio.  

 

© Escritores en Red. Asociación Marqués de Bradomín.