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SOCIOS.....

RELEYENDO A PÍO BAROJA
por Francisco López Martínez


 

     Uno relee, en parte porque se le ha endurecido el paladar y se fatiga gustando lo nuevo, en parte también, porque empezó a leer demasiado temprano y cae en la cuenta de que muchos libros importantes, por diversas razones, no se asimilaron en su totalidad. El caso mío es que releo tanto como leo.
     Uno de los novelistas del pasado siglo que más me gusta releer, junto a Benito Pérez Galdós y Miguel Delibes, es Pío Baroja.
      El recorrido de la vida intelectual y humana de Baroja compone el referente de un tiempo en el que destaca su actitud independiente, su pesimismo y escepticismo ante los cambios sociales que conoció, y una obra narrativa singular, que representa, en su conjunto, una de las miradas más genuinas y sobrecogedoras de aquella época.
     También hemos de reconocer que Baroja se benefició, en su momento, de las bellezas estilísticas del siglo. Creo que en sus novelas: “El árbol de la ciencia”, “César o nada”, “Las noches del buen Retiro”, “El Mayorazgo de Labraz”, o la trilogía de la “Busca”, por citar algunas, se encuentran las mejores páginas de la literatura española del siglo XX. Le estoy leyendo nuevamente y les expongo de forma muy abreviada algunos datos de su biografía.
     El novelista vasco Pío Baroja y Nessi nació en la calle de Oquendo, de San Sebastián, el 28 de diciembre de 1872. Pío Baroja era hijo de Serafín Baroja y Zornoza, ingeniero de minas y hombre de cultura, que participó en la vida literaria donostiarra, publicando libros y versos y ejerciendo de cronista de guerra en los periódicos liberales. Su madre, Carmen Nessi y Goñi, de ascendencia italiana, tendría otros tres hijos: Darío, muerto en 1894, Ricardo, pintor y escritor, y Carmen, escritora y mujer de gran sensibilidad, esposa de Rafael Caro Raggio, que sería el principal editor de las obras de Baroja.
      En 1879, la familia se traslada a Madrid, y en 1881 a Pamplona, ciudad en la que residirían durante cinco años y que marca un periodo importante en la formación del escritor adolescente. En Pamplona nació Carmen Baroja, madre de Julio y Pío Caro Baroja. En 1886, nuevamente en Madrid, el autor de “Las inquietudes de Shanti Andía” termina el bachillerato y, al año siguiente, comienza los estudios de medicina en la Universidad Central. Al trasladarse su familia a Valencia, finaliza la carrera en su Universidad en 1891, aunque se doctora en Madrid en 1894, con la tesis acerca del dolor. El dolor: Estudio Psicofísico. En ese mismo año obtiene la plaza de médico de Cestona, localidad en la que apenas residiría un año, pero este año sería determinante en su vida de escritor; de estas vivencias nacería su primer libro: “Vidas sombrías”.
     Tras la experiencia como médico, vuelve a Madrid en 1896 para regentar, junto con su hermano Ricardo, la panadería de su tía Juana Nessi. En ese tiempo resuelve don Pío dedicarse enteramente a la literatura y comienza a colaborar en distintos periódicos y revistas de Madrid, viajando a Paris en 1899, donde tratará a los hermanos Machado, conocerá a Oscar Wilde y a Reclus. En 1900, a raíz de la publicación de “Vidas sombrías”, conoce a Azorín a quien le unirá una amistad de por vida. Viaja por distintas ciudades y pueblos españoles, junto con Darío de Regoyos, Ramiro de Maeztu, Ciro Bayo Segurola, o su hermano Ricardo; vivencias que irá incorporando a sus narraciones. En 1902 se le ofrece un homenaje en Madrid, al que acuden Galdós, Maeztu, Valle-Inclán, Azorín, y Mariano de Cavia.
     En 1911, después de haber oído hablar en su familia de Eugenio Aviraneta, pariente de los Baroja, comienza a estudiar su historia, de la que surgirá la serie, de veintidós volúmenes: “Memorias de un hombre de acción”. En 1928, año en que nace su sobrino, el cineasta Pío Caro Baroja, su novela “Zalacaín el aventurero”, fue llevada al cine, en cuya obra interpreta un papel el propio novelista.
     Con la llegada de la República en 1931, el rebelde Baroja no sintió en modo alguno entusiasmo, como no lo sentiría nunca por ninguna de las formas organizadas. Este hecho le distanció de su amigo José Ortega y Gasset, el principal impulsor, junto con Marañón y Pérez de Ayala, de la “Agrupación al servicio de la República”. Sí expresó en cambio, cierta querencia romántica por el anarquismo, como relata en algunos de sus textos. Acaso nadie haya explicado sus sentimientos como el propio Baroja en estas palabras: “Yo he sido siempre un liberal radical, individualista y anarquista. Primero, enemigo de la Iglesia; después, enemigo del Estado; mientras estos dos grandes poderes estén en lucha, partidario del Estado contra la Iglesia; el día que el Estado prepondere, enemigo del Estado”.
     En 1935, año en que fallece su madre, ingresa en la Real Academia de la Lengua con el discurso “La formación psicológica de un escritor”, que fue contestado por el Dr. Gregorio Marañón. En julio de 1936, el comienzo de la guerra civil le sorprende en su casa de “Itzea”, en Vera de Bidasoa. Fue detenido y encarcelado. Liberado al día siguiente, tomó la decisión de partir para Francia, donde estuvo hasta 1940, en que regresó a Madrid.
     Don Pío Baroja Publicó más de cien libros. Usando elementos de la tradición de la novela picaresca, eligió como protagonistas a marginados de la sociedad. Sus novelas están llenas de incidentes y personajes muy bien trazados, y destacan por la fluidez de sus diálogos y las descripciones impresionistas.
     Falleció en Madrid (en cuyo cementerio civil está enterrado) el 30 de octubre de 1956. Un grupo de amigos e incondicionales – entre los que estaban los Premios Nobel Hemingway y Camilo José Cela -, y un puñado de su tierra vasca, que certificaba el afecto de su País del Bidasoa, daban sepultura a uno de los escritores más profundos y de más ingenio de este siglo.

 

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