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Yo soñaba que, cuando envejeciera,
mi casa sería un santuario,
que el mundo quedaría siempre fuera
y para acompañarme un buen poemario.
Quería abastecerme de papeles
donde dejar la impronta de mis sueños.
Tiempo para dormirme en los laureles
conquistados quizá por otros dueños.
Pero nunca llegó, pues fue quimera
pensar que a la vejez todo podría.
Apareció la artrosis la primera,
cuando pensaba en ello bien veía,
y después muchos males se juntaron
que aparecían cada cumpleaños,
y todos su regalo me dejaron
llenos de arrugas y de desengaños.
Empezó mi pesar hace un verano
rompiéndome el empeine, el escafóide
otro hueso también de la antemano,
tres costillas y aun estoy conforme
de no romperme más porque la crisma
peligró fuertemente en la caída
y pudo producirme un aneurísma
la presión de la sangre detenida.
Soy hipertensa y tomo tres pastillas,
y en las urgencias me añadieron más
y vieron que también en las rodillas
debían los meniscos operar….
Con lo fácil que sería
describir una hepatitis
o un infarto de miocardio,
ahorrándome la agonía
de relatar tantos males
como en un telediario.
Tres costilla, el empeine
y una distensión lumbar
son culpables de que reine
mi desorden celular,
y después de analizarme
con biopsia medular
vieron que por mis arterias
empezaba a circular
ciertas células malignas
que querían fastidiar.
Más pastillas, más pastillas.
Llegué a contabilizar
veinte capsulas distintas
que me debía tomar.
Eso sin contar el bicho,
como le suelo llamar
al hicobacter pílori
que me vino a visitar.
Pero serio, y alarmante
que pudiera ser mortal,
hasta no escuchar tombosis
no me empecé a preocupar.
A ver si me aclaro y puedo
mis dolencias concretar.
Si fueran cinco, seis, siete
una docena, algo más,
pero yo tengo mil una,
y por si estas fueran pocas
me trata por depresiva
el médico de las locas.
Pues después de analizarme
en el servicio de urgencias
se fueron multiplicando
una a una mis dolencias.
Que más que penas son males
que me ocurren en cadena.
Que me mareo, que toso,
que me duele la barriga
que la tensión se dispara,
que se me encasquilla un pie,
que con el menisco roto
apenas puedo correr.
Pero que pienso correr
en tan avanzada edad,
cuando apenas si resisto
no digo correr, andar.
Vale, pero sentadita
me respondo resignada
podré leer y escribir,
aunque luego no haga nada.
Las gafas se me han perdido,
se me atora la nariz
cuando bajo la mirada,
y me duelen las lumbares
si llevo un rato sentada.
He bautizado a mi baño
como sala de lectura
pues la colitis no espera
y visito sus hechuras
cuando me da……pirrilera
Se puede escribir poesía
apoyada en el bidet,
la pierna izquierda estirada
para que no duela el pie
y la derecha dormida
con tan mala posición
que cuando consigo un verso
y lo doy por terminado
escatológicamente
comienza un nuevo reinado.
Esos son algunos males
empezando por abajo;
pie, rodilla, las varices
con un color azulado
que me han dado más de un susto
y que con los pies hinchados
debo levantar las piernas
para dormir, sin embargo,
he de reposar sentada
por una hernia de hiato.
En resumen que mi cama
más que un tálamo es un cuatro.
Pues no digamos si quiero
tener algún regocijo,
mejor lo olvido si puedo,
porque ver los entresijos
de aquesta escena inaudita
puede divertirles tanto
como el tiempo de encontrar
una postura sin daños
ni dolor colateral.
Señores se me ha acabado
el tiempo referencial,
y como no he terminado
ni he podido relatar
todos los males que tiene
mi frágil anatomía,
y mi teléfono viene
bien reflejado en la guía,
para que siga contando
han de pedir hora y día.
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