José Gerardo Vega Vargas

 

Don Quijote cabalga de nuevo

......Entre el ritmo frenético de la gran ciudad don Quijote cabalga de nuevo, va de aquí para allá buscando, como un poseso desesperado, los fantasmas que azota a esta sociedad desquiciada. Recorre las largas avenidas tratando de acabar con tantos prejuicios trasnochados, persigue a las palabras embaucadoras que confunden constantemente al pobre vagabundo que sueña con llegar a alguna parte donde poder descansar y olvidarse de que mañana ha de poner buena cara para poder recibir una mísera ilusión.
......Don Quijote ve, con desdén, los rostros que le mira al pasar, desconfía de las manos tendidas de las que parecen brotar esperanzas mágicas, ilusiones ópticas que le hace volver a sus antiguos senderos llenos de magos y aventureros de horizontes difuminados. Entonces contaba con la cordura de un buen amigo Sancho, pero este se fue, se perdió, para siempre, en las páginas de algún libro de caballería en busca de la paz definitiva.
......Los gigantes modernos son más destructivos, su rencor es mortal, y el noble caballero castellano intenta, por todos los medios posibles, mostrarles los versos de la concordia, procura hacerles ver los errores que comenten, no importa que los siglos pasen, el hombre sigue tropezando en las mismas piedras, no comprende los lamentos del silencio, parece ignorar los gritos de auxilio del prójimo, no mueve ni un dedo por sus semejantes. Así es imposible luchar, los viejos ideales desparecieron para siempre.
......Ahora reina la discordia entre los hombres, pero el caballero castellano, con la esperanza por bandera, continua viendo hermosos y robustos molinos de viento.


 

¿Dónde está el hoy?

 

La tranquilidad del ahora
compartido,

El hombre se empeña
en imponer su ley,
solo desea rodearse
de unos pobres peleles
que alaben, sin cesar,
su ‘’buen juicio’’
y rían, constantemente,
sus gracias asesinas.

Tal vez el mañana
Le consiga mostrar
su auténtica imagen de pelele,

un pobre pelele grotesco
que, hace bastante tiempo,
vive lejos de cualquier realidad,

Un miserable despojo
de un sueño que jamás llegó
a comprender.

 



Las palabras pugnan

por dibujar sus historias
en la blancura ocre
del atardecer.

Las hojas, amarillentas,
forman el inmenso
puzle de la existencia.

El aire peregrino
y taciturno
se lleva las débiles
esperanzas

Mañana, sólo mañana,
seremos conscientes
de los que olvidamos
a lo largo del camino.

 


 

Recuerdos

Añoranzas.

Ilusiones.

Versos inocentes,
borrachos de pasiones
prohibidas, insatisfechas.

Versos que fueron perdiendo
palabras por los poros
viscosos de una noche
terriblemente amarga,
cansada de soñar.

Recuerdos.

Suspiros que se ahogan
con oraciones envolventes,
normas reprimidas
por un atardecer lejano.

La lluvia de otro tiempo
dibujaba en los cristales
imágenes calladas.

Ausentes.

Imágenes rotas
donde los silencios
jugaban al dominó
con la muerte.

Recuerdos.

Un suspiro.

NADA.

 


 

Los silencios gritan

poemas cotidianos,
palabras sin sentido
que se abrazan
en la madrugada

En cada rincón viejas
nostalgias tratan de imponerse,
desean gritar,
recuperar los sueños perdidos,
aquellas lejanas ilusiones
que marcaron su existencia.

No es posible.

La tarde se llevó los sueños
del ayer
y los versos juguetones
perdieron toda la magia.

 


 


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