Valeriano Franco

Haikus del yo impaciente

 

1
tiempo dormido
cuando al invierno asoma
la primavera

2
llama la noche
que masturba al silencio
cada mañana

3
piedras redondas
del mural que derrama
el bosque en llamas

4
el trigo crece
y las alondras pintan
amaneceres

5
salto al vacío.
caminante y camino
se dan la espalda

6
siembro la tarde
de piedras castellanas.
Dios en un chopo

 

 


 

Diálogos al bies

Dijo él:
¿Cuando llegue la noche,
quedaré a tu ventana
calentando motores
hasta que llegue el alba?

Dijo ella:
No hace falta que quedes
tanto tiempo en ayunas;
para subir al cielo
te regalo la luna.

Los dos dijeron:
Ni motores, ni tarde,
ni ventana, ni frío:
Es mejor que esta noche
desbordemos el río.

 


 

Cuestiones incuestionables

 

Cuestión de Palabras

Caña al mono que es de goma.
Le daban con la sartén
y el mono decía amén
a pesar del hematoma.
Cuando conoce otro idioma
y ve que allí existe el NO,
se puso a pensar y dio
con la respuesta precisa:
se van a joder, ¡qué risa¡
les diré que se acabó.

Cuestión de Pelotas

Cuando has sido trasquilado
en el invierno más crudo
mientras la ley del embudo
traga sólo por un lado.
¿Qué vas a hacer tú, parado,
porque estén tus alas rotas?
¿callar como otros idiotas,
hasta que te vuelvas loco?
Que no te coman el coco;
échale un par de pelotas.


 

Sin límites


A Juan Parado de Cincuenta

 

Para saber cual es el límite
que habita en el dolor de un ERE
donde estercola a la intemperie
el hambre que trafica con el miedo,
acude a ver la anemia vagabunda
del pobre envejecido camino del INEM.
Para habitar la calle del parado,
como solar de nieve raído hasta los huesos,
acude con asombro a contemplar
cómo, desahucio en mano,
desangran la morada que fue historia caliente
y a penas ya se agita a bocanadas.
Para sentir cómo agoniza
el futuro de noches sin auroras,
acude a ver cómo la hidra arropa el vendaval
y engulle desollados los anhelos
en tinieblas creadas a medida.
Para entender, en fin, qué justa es su justicia,
cómo no condenar al Dios ausente que detiene
la luz y abre la noche
para quien sólo contempla el fin en el abismo
y reclama en el salto salir y acabar pronto.

Y si queréis saber de la estrategia,
espada viperina de la escuela
de los negocios bien equilibrados,
escuchad los sermones económicos
en púlpitos que abrevan democracias
vendidas en subastas a la baja.
Veréis que allí teorizan soluciones
de místicos fervores monetarios:
Nosotros no lidiamos a tóxicos activos,
ni jugamos con marcas de cuchillo.
Ciudadano, si hay culpa es del sistema,
preciso, inteligente y automático,
que exige hacer recortes
si el PIB está en peligro.
¿Quién dijo, dicen, que había crisis
cuando anotamos cosechas en la cumbre?
Pero es que aún si fuera cierto,
¿Quién hunde la semilla y arriesga las tormentas?
¿De quién va ser, entonces, la flor de los rosales?
¿Quién dijo, entonces, dicen, que aquí, hay crisis?

Y el despido, el desahucio y los recortes,
¡Ay¡ siguen existiendo.

 

 


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