Soledad Serrano Fabre

 

Rey Mago

 

.......Todas las noches de luna clara solíamos mirar juntos las estrellas. La noche en que la vimos cruzar el cielo con aquel resplandor único, supimos que el destino del mundo estaba escrito en su rastro. Nos pusimos en marcha para seguirla ¡Cómo no hacerlo! Quien ha visto la luz ya no soporta la oscuridad. Parecía esperarnos. Cada noche, fiel a la cita, contemplábamos su largo vestido de sueños como una invitación. Preparamos nuestros equipajes con regalos, quizá nos llevase a través de países extraños donde conocen la seda, donde el aroma inigualable del azafrán les resulte desconocido. Aprenderíamos tanto siguiéndola. Una impaciencia juvenil nos invadió, nos mirábamos con una alegría nueva recién estrenada, sorprendidos y nerviosos.
.......Una noche les perdí, una tormenta me alejó de los otros. Cuando se hizo la calma no quedaba rastro de ellos pero ella seguía allí, con su pregunta inmensa sobre aquel cielo de silencio. Nunca volvía a encontrar a mis compañeros, no sé hacia qué lugares les condujo aquella estela pero no fueron los mismos que los que yo crucé. No he parado desde entonces. A veces su color cambia, o se esconde durante unos días dejándome en la más completa soledad, pero luego surge, camina, me llama y vuelvo a colocar mis enseres y tesoros y prosigo mi viaje porque seguirla, amarla, y ser testigo de su belleza es ya el único motivo de mi vida.

 

 


 


Los sueños de José

 

.......Qué suerte tuve cuando mis hermanos oyeron el sonido de la caravana que marchaba hacia Egipto y decidieron venderme en lugar de abandonarme en aquel pozo. De haber permanecido allí mucho tiempo, seguramente hubiera muerto.
....... La verdad es que me odiaban. Nunca fui un dechado de virtudes, es cierto que había ido con el cuento de alguna de sus faltas a mi padre que confiaba en mí plenamente, y luego observaba con placer cómo les reprendía. También es verdad que en mis sueños –debo reconocer que soy un soñador- siempre aparecían ellos como mis servidores, bien fuera convertidos en gavillas de trigo o en estrellas. Aquello me hacía sentir superior, lo que les enfurecía sobremanera.
.......Aquella tarde mi padre me había enviado a vigilarlos... Los vi de lejos, mirándome y no sospeché. Cuando llegué ya no tuve tiempo de escapar, me dejaron medio desnudo y me arrojaron al dichoso pozo. A punto estuve de romperme una pierna. Aterrado, oí a mi hermano Rubén discutir con los otros para que no me mataran. Al final me vendieron a aquellos viajeros de Egipto y lo que parecía que iba a ser para mí el comienzo de una vida desgraciada fue el inicio de mi fortuna.
....... Mis sueños fueron útiles, incluso me hice famoso por ellos, tanto que el propio faraón recurrió a mis habilidades. Y tuve suerte, interpreté los sueños de aquel rey de Egipto, bastante simple y confiado, con tanto acierto que terminó por encargarme la gestión de una provincia. Y como el destino es caprichoso, quiso Yahvé, del que ya casi me había olvidado, que mis hermanos acudieran necesitando grano para su supervivencia. Allí, delante de mis ojos los tenía a todos asustados, con la frente inclinada hasta el suelo como en mis sueños, sin reconocerme. Las ropas y los afeites de Egipto hacen maravillas con un pobre muchacho.
....... Había momentos en los que no podía contener las lágrimas. Tenía un hermano pequeño hijo de mi misma madre al que no conocía. Debía hacerles pagar sus errores y, de algún modo, lograr que mi padre viniese a Egipto.
....... Se lo hice pasar mal, siempre fui especialista en tretas; todo aquello de hacerles ir y venir con el trigo y el dinero, la copa... Comenzaron a hablarme de mi padre, estaba viejo y enfermo, pero vivo. Me hablaron de aquel hermano que había muerto que era la alegría del anciano... Los vi culpables, aterrados ante el recuerdo de su delito y fue suficiente para mí. Benjamín me miraba sin comprender, el llanto ahogó mi garganta. No pude seguir fingiendo y fui hacia ellos para abrazarlos. Me di a conocer.
Mis hermanos trajeron a mi padre a Gosén y al amparo del faraón vivimos años felices
....... De pronto, sentí algo húmedo y áspero en mi mejilla. Abrí los ojos y me encontré con Siro lamiéndome el rostro. Era el perro que me ayudaba con las ovejas de mi padre.
....... —¡Qué sueño tan estúpido! En él aparecían once hermanos, un país extranjero a mis pies, muchos años de penuria y otros de felicidad. Me vi a mi mismo vestido como un príncipe cuando sólo soy el único hijo con que Yahvé ha bendecido a mis padres.
....... La luz de la tarde se hizo fuego en las tierras de Canaán y José, ayudado por Siro, empezó a recoger su rebaño.

 

 


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