Silvia Sánchez Lancho

Aura

Cómo amarrarte a mi memoria
anudando tus pedazos a mi vientre,
cuando lo negro dormita en la herida
sobrecogida aún por tanta dentellada.

Tu poesía me adivina las letras,
empujando mis días simétricos
contra cenizas desparramadas
sobre un mundo devorado por su olor a lilas.

Como un báculo visionando mis caídas,
parece tu canto en mi camino.

 


 

Y que el azul perfume

 

Retengo la sospecha en remojo,
quiero nutrirla, no desampararla sistemáticamente con mi actitud,
ella trenza mis pecados y los vende al mejor postor,
acato la orden que produce el dharma a su llegada,
tiemblan los papeles y suda la pluma
hasta escribirme de nuevo en tu mundo.
Contemplo.
Las palabras me depositan en ese lugar imperdonable para el mundo,
el amor no combate,
se hiere y lame sus heridas,
se cubre de la lanza
(eterno desafío),
con un lápiz riega su viento y enseña a la vida el comienzo,
la hora larga de un diminuto sueño.

Es ambigua la encrucijada de interrogantes
solapando el borde de mi espalda,
recorrerla con besos o manos,
caminarla con suelas de espuma borrando su cuerpo
apenas de púrpura la inmensidad de su grito.

El secreto está
en amasar la garganta con tus dedos
y que el azul perfume…
Y la sed no dialogue sutil disimulada.

 


 

Consecuencia


Cimbrean las ganas dormidas debajo de mi suelo.
No tengo fuerzas para agotarme persiguiendo huídas.

Es así como se limitan o se esconden los sueños más voraces,
dibujando el croquis de mi existencia
con la aguja bitácora de tu tiempo impredecible,
llave,
o semilla calando por mi arena.

Soñé cada movimiento de tu vuelo
corrigiendo el tempo marcado por tu ala,
y era sencillo…
A pesar de mí,
la miel fosilizada tirita
ante el calor de tu paso extraordinario.

 

 


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