Manuel Martínez-Carrasco Tabuenca

 

Recuerdos que agachan la cabeza

 

Te he mirado toda la tarde
despacio, callado
sin apenas nombrar las sombras que te envuelven
tan conocidas, sin odiarlas.

Podría decirte cosas que escondí,
que de sobra percibes en mi piel
y que has visto en mis ojos, sin destapar los tuyos.

Pero te he mirado en silencio
sin dejar que este ruido nos despierte.
Querría ver tus ojos,
esos que se oponen a la vida que no entienden.
Te he mirado orgulloso
como si yo fuese la causa.

Luego, en mi silla sin respaldo,
abrigado por esa estufa que no calienta
oigo la música de siempre
aunque ninguna música suene.
Y me meto en tus ojos como en el tiempo
para dejar la culpa repartida entre mis manos
y lo innecesario de los actos que no hice y los que cometí.

Verte desde lejos, ahora,
se me antoja salvarme del infierno.
Si sonríes
y si un abrazo torpe se me escapa
Si tu cuerpo, tan fuerte, se te tensa,
y retiro mi mirada de la tuya
algo se me encoge por adentro.
Y es entonces cuando ya no se nada,
cuando todo se oscurece en mi presente,
y no te veo…

 

Y te pienso.

 

 


 

Acuarela (Andén 1- 16,29)

 

Medio cigarro que no sobra
y una gorra calada hasta los ojos.
La sombra que no espero
caído como estoy en tu ramaje.

Así es como dibujo una tarde cualquiera
en medio de mi noche y de tus días.
Sobrado de nostalgia
vacío del abrazo, en tanto beso,
sumiso a mi zapato
que aprieta donde menos falta hace.

Me entrego a la locura
de arreglar cachivaches en mi mesa:
ese reloj que no funciona,
un viejo tocadiscos,
el alma de repuesto que compré en algún saldo…

Siempre despierto demasiado tarde
ahogado en piezas que me sobran,
desechos inorgánicos,
sin más remedio cuerdo
después de haber perdido tanto.


 

 


Ir al Inicio