Mari Luisa García Ochoa

Se columpia la noche

 

Se columpia la noche mientras poso mis alas,
sucede cuando el sol se apaga ante mis ojos.
Hay veces que los cierro pero no es suficiente.
La vida es una vela, la cera se derrite,
dónde están mis bengalas, la mecha se consume,
muchas veces prendí fuegos artificiales,
encendidas antorchas, en mi alma tanta luz.


 

A veces

 

A veces están lejos, muy lejos, las estrellas
y un cauce de retorno las venas me recorre.
Salvar tristezas ¿cómo? sin perder equilibrio.
Dónde escondido amor tras cabezas quebradas,
rencor de cuentas ciegas, torpezas infelices.
Ajustas la vileza al odio incomprensible
para morir igual y en una cueva oscura.

 


 

Silencio

 

Tras la rotunda voz un lejano silencio
que daña mis oídos con su palabra aguda,
que retumba en el quicio de un barranco infernal
cuyo eco abrasador escondo entre mis manos.
No quiero ese silencio que los sentidos hieren,
falsas rosas de espinas que ciegan mis entrañas.

 


 

Será la última vez

 

Un cárdeno color impregna el día, triste,
con desánimo y tedio como marchita flor,
herida de tormenta con sus hojas descalzas.
Una jornada más con las manos vacías,
se oyen llegar los pasos, atenazan la luz,
pero sé que será, será la última vez,
alguien hará justicia: hoy ella no está sola.


 

 

 

 

 

 

 


 


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