Laura Olalla

 

Endecasílabos agudos, llanos y esdrújulos
(averigüe algunas licencias métricas)

Agudos:

¿Me esperarías en algún lugar?
¿Quién hallará mi joven corazón?
La verdad de la vida es el amor.
Te prometo que aprenderé a hablar,
si sólo vienes por amor a mí,
si el proyecto de vida es compartir.
Siempre que te contraste perderé.
Cuando llegues a ser entenderás.

Llanos:

¿Por qué la vida nos inquieta tanto?
Si estás conmigo dímelo ahora.
El canto del jilguero se nos quiebra.
La luna no se estrena con nosotros.
No hay un sol que nos dure para siempre.
Si encuentras la ventana de mi casa…

Esdrújulos:

La dignidad se pierde ¿qué es política?
Se muy discreto en el decir profético.
No acumules desgracias metafísicas.
La ternura es un árbol terapéutico.
El amigo es como un sonido de éxito.
No pienses lo que quieras, se más práctico.

 

 

 


 

¿Hablabas de mí?

Un sondeo de agua retrocede en el tiempo.
En la era primaria consternada quedé
por racimos humanos, obligándome…
–Mejor, aprenderé…–
(Si deshacer pudiera el desafío de los hombres…)
–Las hojas secas mueren de indolencia,
lo sé–.

Se acabaron del amor los reproches,
la tortura del mismo invertido en mi mar.
Besarías mis manos.
Besarías mis ojos.
Besarías mi boca…
mas no besaste nunca el alma
que sostiene mi espejo.
Destronaste mi mundo que
repleto estaba de ilusión por ti.
Dirigiendo tu voz al intermediario,
me confundes.

Cómo podré vivir sin tus primeros pasos.
Sin palabras recuerdo lo que fue nuestro nido…
Y no es desamor lo que me nace en el pecho.


 

Tranquilizaos, por favor
(Recelo de la mujer casada ante la posibilidad de la poeta amante…)



Mujeres de distintos órdenes
que alimentáis la indiferencia
con prósperas miradas disonantes
hacia la falsa creencia de ser
burladas
por viejas inquietudes que encubren melodías…,
no forcéis el vacío
que la asignatura pendiente engulle
con estratos de furia anidando en el alma.
No receléis del optimismo,
de la buena disposición que albergan
las horas compartidas…
Mi cándido suspiro
blasón se torna en el lenguaje
que mi palabra ostenta, equitativa al hombre.
El amor es un bello
recodo del conocimiento.

Estad tranquilas, por favor.
Os juro no engañar a las estrellas.




Nada es más triste que la muerte de una ilusión


Esta noche no tengo la palabra a mi lado,
no resisto el zarpazo de la penuria ajena
que los duelos reintegran.
La palabra es el alma que mi aliento sostiene.
Hoy me abandona. Me lo dijo, ¡ y…
yo que creía en rosas, mar, estíos…!
Otra vez me doblega la fisura infinita
de injustas latitudes:
sobres abiertos derramando lágrimas;
ojos cerrados
para no profanarlas por mejillas muy dulces;
lindos pómulos de sutil infancia.
Se aproxima mi niño íntimo,
sale a mi encuentro;
no es una oferta, sí una demanda.
En mi pecho se ahoga esa fe
de austera profesión
que me reconocía el vergel de los sueños.
La palabra me observa:
poeta que reclamas amor y soldadura.
ya es hora,
no pospongas la marcha
porque no tengo tiempo de florecer contigo.


 

Epitafio
(a mi muerte)

Resistid, poetas, al vacío del espíritu, tornad vuestras rutinas a la sabiduría de la sencillez, a la calidez de las almas que esperan cobijo. Hoy dejaré libertad a mi casa –que se recree con las imperfecciones del uso diario–, mientras, me extasiaré con el gratísimo recuerdo de tu voluntad, amor.



( Laura Olalla – Karla Widman )

 


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