Laura Caro

Cambio de actitud


No voy a preguntarte esta noche,
ni esperaré tampoco que me cuentes.

No voy a dibujar con mi mirada
los sueños abortados en mi historia.

No voy a hacer un río de mi angustia,
ni voy a mendigarte algún abrazo.

No voy a investigar sobre tu ropa
aromas de otros cuerpos, ni sus pistas.

No voy a registrarte los bolsillos
ni a tejer con las pruebas tu delito.

Te miraré a los ojos fijamente.

Después sabrás, sin dudas,
que me he ido.


 

Las estúpidas propiedades del cristal



Pasa el tiempo lentamente y yo no olvido.
Los cristales en mi piel aún los siento
en las noches de silencios implacables.

Pasa el tiempo y no es la ira la que enciende
las palabras que más duelen si las digo;
es el peso de la voz de la distancia,
de la más pura razón incuestionable:
"Los cristales, si se rompen, no regresan".

Me entristezco en la torpeza de mis pasos,
cuando el tiempo que dolió entra en mi ahora
y me llena de palabras tan ajenas
a ese yo que siempre fui y ser no sabe.

Incapaz de hacer futuros en mi vida,
sólo puedo disfrutar de los instantes
y es así como camino: en el presente.

No me pidas que conjugue en otro tiempo;
he olvidado cómo hacerlo sin dañarme
y romper lo roto, es muerte es asegurada.

 


 


Lejana luz

 

Me arrastro hasta la puerta con esfuerzo.
Veo una luz azul tras la rendija
y un rayo que atraviesa sin piedad
la cerradura vieja bajo el pomo.

Me pesa el cuerpo tanto, que no avanzo
al ritmo que me marcan los relojes.

Solía cantar siempre cuando el tiempo
ponía mala cara a mis instantes
y ahuyentar con el canto las tristezas.

Pero hoy no tengo voz para elevarla,
ni siquiera me consta que haya lengua
con la que relamer mis sequedades.

El tiempo una vez más, me ha derrotado.

 

 


 


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