Emilio Porta

 

El silencio es un marco que da valor a la palabra

 

.......El silencio no es la ausencia de palabras, sino el marco en el que la vida empieza a emitir significados. Sonidos que crean claves para nombrar la existencia, para avisar del desarrollo del Gran Viaje. Solo en él se puede apreciar el verdadero valor del pensamiento. La escritura es un camino de evolución del ser personal y del ser colectivo. La Literatura ha ido creando identidades y referencias a través del lenguaje, que es el vehículo del pensamiento y nos da la mejor y mayor dimensión de la Humanidad. El lenguaje es gesto. Y es símbolo y señal. Acompaña y diferencia. Crea universos. Nos permite soñar. Yo lo quiero alejado del grito o de la mera banalidad que lo convierte en una distracción o un acto social que termina por uniformar las conductas. El gran valor de la Literatura - con mayúsculas - es comparativo. Nada sería igual sin Homero, sin Cervantes, sin Shakespeare, sin Pessoa, sin Eliot. En ellos el lenguaje escrito se funde con el otro gran lenguaje universal, la música, y las palabras armonizan sus significados creando espacios de forma que nos llevan a una nueva dimensión. Lo bello y profundo, lo esencial, convierte en único lo que empezó siendo solo una llamada útil. El Hombre hace el mundo, crea su universo, único y singular, a través de lo que constata, pero también de lo que imagina. Y para ambas cosas necesita la palabra. Yo amo la palabra escrita porque es el único equipaje que me permite volar. El único que me hace viajar sin necesidad de moverme de mi pequeña habitación propia. El único que me habla, como el silencio, desde mi espacio interior. El único que hace que la luz del deseo se confunda con la luz de la realidad.

 


 

El viaje de las fotos y las palabras

 

.......Cuando era pequeño me enseñaron a rezar. Era algo bonito, porque entrañaba deseos de algún bien para mí y para los que quería. Yo he rezado, a mi manera, lanzando pensamientos y sensaciones al aire, en los monasterios y en las iglesias pequeñas, también en alguna catedral, alguna ermita. No creo en nada de esas cosas, pero es como si hablara a las estrellas, a las fuerzas cósmicas y mágicas. Ya no lo hago directamente a Dios, no es posible hablar a alguien tan descuidado e inexistente como persona. Pero hablo en silencio a los misterios.
.......Las oraciones partían siempre del desastre. De este valle inundado de lágrimas. Y, seguramente, muchas de ellas han llenado los mares. Sin embargo, a pesar del cansancio y el frío del invierno, siempre quedan pequeñas islas de esperanza y paz asentadas en la memoria y en la conciencia de que el sol sale después. Y en la certeza de que también hay lluvia y niebla buenas y el gris puede ser un maravilloso color.
.......La Literatura ha sido, durante prácticamente toda mi existencia, plataforma y refugio constante. Por eso compartirla con quienes caminan del mismo modo, y perciben y sienten la misma atmósfera, hace circular la sangre cuando se detiene por circunstancias inesperadas de la vida.
....... A veces pongo también fotos a las palabras, faros de luz que acompañan los surcos labrados en el tiempo. Todo ello hace que aunque, en alguna ocasión, caminar sea complejo y difícil, podamos continuar el viaje y llegar a lugares donde nada se nos puede quitar.
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Ethelvine

 

.......Nunca se separaba de su bolso. No era ni grande ni pequeño, ni antiguo ni moderno. Era una especie de alcancía de piel oscura, gastada por el tiempo, en la que ella depositaba a ciegas todo tipo de objetos. De vez en cuando, abría la parte superior y, tanteando, sacaba cualquier cosa: una funda de gafas, una agenda, un libro, un peine, un espejo, un pañuelo…
.......Una tarde, en el café en que todos los días, a eso de las cinco, se sentaba en la mesa del rincón más alejado del mostrador y pedía una infusión y un pastel de manzana, un hombre, demacrado y extraño, con cara de enorme sufrimiento, se le acercó. Parecía venir de otro mundo, aunque algo le resultaba familiar en sus rasgos, algo que le acercaba a su pasado, a todo aquello que la acompañaba desde la infancia, una infancia en la que llenaron su cabeza de miedos y creencias, de cosas que la protegían con solo nombrarlas y otras que le podían provocar todas las desgracias.
.......Infancia, pasado…en realidad ella no tenía pasado. Su vida, desde hacía casi una eternidad, se había limitado, siempre, a las mismas rutinas: el trabajo, la oficina, y la casa. Todo envuelto en una aplastante soledad.
.......“Perdone…¿no es usted…Ethelvine?” – dijo, saliendo de su cortina de silencio, el hombre al que ella observaba con respeto y miedo. “Sí…yo soy…perdone pero… ¿nos conocemos?”. “Sí” – respondió el hombre con firmeza.
.......Ethelvine trató de recordar, pero no conseguía fijar ningún momento de su existencia al que pudiera asociar la presencia de aquél hombre cargado de tristeza y misterio. “Perdone, aunque su cara me es familiar…no consigo…”. “No importa - dijo el hombre - yo sí sé quién eres”
.......De repente, el corazón de Ethelvine se aceleró mientras un presentimiento cruzó por su mente. Se sujetó con fuerza a su bolso y se quedó petrificada, al tiempo que el hombre se daba media vuelta y desaparecía, no sin antes decirle, con gravedad, estas palabras: “Soy el hombre al que hablas todas las noches”.
.......Asustada, Ethelvine metió la mano en el bolso y, tanteando en él, como siempre hacía, empezó a revolver los objetos que guardaba. Uno a uno fue sacándolos todos. Y siguió y siguió rastreando en el fondo, aún cuando ya nada quedaba en él. Aterrada, con el bolso vacío entre las manos, gritó: “Mi estampa, ¿dónde está mi estampa?”. Luego, paralizada, inmóvil, se aferró fuertemente a la mesa, se santiguó y, mientras bajaba la vista al suelo, dijo en voz muy baja “Por favor, Jesús, no me abandones, no me abandones ahora…”.

 


 

Altagracia

 

.......Su padre, Ramón, vivía en la pobreza más absoluta, en una casucha miserable, a doscientos metros de los arrabales de Huayamico y su playa de arenas doradas que eran, cada domingo por la mañana, un hervidero de chicos jugando a pelota, con porterías de palo y balones viejos de los que sobraban cuando ya, de puro pasados en los entrenamientos, perdían prácticamente su esfericidad. Ella, Altagracia, era la más pequeña de varios hermanos, siete de familia, todos chicos, y nunca tuvo más juguete que el común de todos, esa pelota que día tras día llevaban a la orilla del mar para intentar emular a sus ídolos. Ella también, sí, ella también, era una futbolera más desde chiquita, primero haciendo casi de poste, luego yendo a buscar la bola cuando se iba al agua y más tarde, en un extremito del equipo, gambeteando y riendo al ver como se escapaba siempre por el corner y volvía locos a los chicos. “Acá, Altragracia, acá” y ella levantaba la cabeza y ponía el balón siempre al pie, exactamente al hueco justo donde llegaba el compañero para hacer gol o casi gol, o eso que llamaban situación de peligro inminente.
.......Poco a poco la niña fue haciéndose una buena futbolista, la mejor jugadora de la playa. Era ligera como las gaviotas y fuerte como las águilas, precisamente el nombre del equipo de futbol de sus sueños, en el que jugaban los mejores de la provincia, el equipo de la capital de la marca. Un día, con quince años, su padre, Ramón, le dijo: “Mira Altita, qué pena que seas chamaca, porque juegas bien, serías una estrella en los Àguilas si no fueras una niñita”. Altagracia bajó la cabeza y dijo muy quedo: “Lo seré, yo lo seré…”
.......Así fue pasando el tiempo y unos meses después vino Roberto, el mayor de los hermanos, con la noticia: “Hay pruebas en la capital. Augusto, el del barraco de la playa, va a llevar a unos cuantos chicos a probar en los juveniles de las Águilas” “Quiero ir –gritó Altagracia – yo quiero ir” “Pero ¿donde vas a ir, niña?... es para muchachos, para hombres, tú no puedes probar, tú no vales”. “Yo valgo, yo juego bien, yo os rompo la cintura jugando” “Sí…pero eres chamaca, eres mujercita…”. "Pero yo voy, yo me aprieto el pecho y voy, y juego, y me ven”. Ramón miró con ironía pero con ternura a su hija. Cansado pero firme dejó la botella de cerveza a un lado y le dijo a Roberto: “Llevadla. Tiene el pelo corto. A los quince años, con las tetitas vendadas y una camiseta, nadie sabrá. Además, no tiene casi pecho y no se va a duchar, ¿verdad hija” “No padre, saldré corriendo después” “ Pues eso, llevadla, que pruebe. Y que no salga ni palabra de nadie. O voy y os parto la madre”
.......Con voto de silencio y juramento secreto, los chicos de la playa llevaron a la capital a Altagracia. Augusto reía. “Qué embromada no más, si pillan a la niña, no más que risotada. Llevar a los fenómenos de la playa y a ella, no más que broma pelotuda”
.......Llegaron y Altagracia, seria y decidida, se puso las botas, y el uniforme que le dieron las Águilas. Y saltó al campo. Y ante el asombro de todos hizo diabluras. Gambeteos, pases imposibles, incluso marcó un gol driblando a todos los contrarios y dejando la pelota en el fondo de la portería, entrando con ella dentro. Los ojeadores y el entrenador lo tuvieron claro. “Tú, el siete, pasa dentro. Te hacemos el reconocimiento médico y, si todo está bien, ya eres de las Águilas” Altagracia sonrió había conseguido su gran sueño. Iba a jugar en las Águilas. “Pero, niña, no puedes, el reconocimiento médico… no lo pasas. Te van a desnudar” dijo Augusto. “Sí puedo, déjame tranquila, sí puedo”
.......Altagracia entró en la habitación del médico. Pasó media hora, una hora…y por fin, salió, con los ojos acuosos y una amplia sonrisa, mirando al suelo…luego, miró a Augusto y le dijo: “¿Ves como si podía? Me han fichado. Tengo que volver la semana que viene a empezar los entrenamientos”
.......Todos callaron sin entender nada. Altagracia, de regreso al pueblo, en el coche de Augusto pensaba. “Sí, ya no soy virgen, perdí un poco de sangre y me hizo daño. Sí, ya no soy virgen, pero soy de las Águilas”

 

 


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