Ana Galán

Como un vuelo

 

Desde lo más profundo
despierta y se alza,
tensa las cuerdas,
sube a los labios hecho voz.

En tan corto camino
el deseo es llamada,
urge a todos los nombres.

Las palabras se adueñan del aire,
abren de par en par cada memoria,
entre silencios crece un árbol.

Un tupido ramaje gris
distribuye la savia,
a los ojos, a los oídos,
tal vez llegue al temblor.

Trozos de ti escapan,
como gorriones de vuelo neófito,
buscan un nuevo nido,
en el gesto, o en la mirada,
si cabe, en el hondo respirar.

Lo que te dice si los versos,
briznas de rama y hoja,
se cuelan hasta el fondo,
traban calor y herida.

Vuela el poema,
después ya nada importa.

 

 

 


 

Sin llamas

 

Hoy hablo de ese tiempo
en que percibes
que no te iluminas,
o no puedes.

Tratas de que un fuego prenda,
y aunque sea posible la luz,
no ardes en nada,
ni en nadie…
Te preguntas por qué.

Será ceguera aprendida
o nos elige así la voluntad.
Una noche prematura
se teje antes de hora,
sin luz, ni calor ni sueños.

La rutina tensa los hilos
se acomoda al telar.
Un ir y venir de oscuridades
trama el tejido inútil.
Tendrás que deshacerlo,
tal vez cortar, destruir…

Coge los restos,
y aún sin llama,
ante el rescoldo
de antiguas cenizas,
déjate arder.

 

 


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