Antonio Castillo-Olivares Reixa

 

Los misterios de la naturaleza

.......Hace no mucho tiempo, unos pocos veranos, me encontraba yo en la piscina tomando el sol tumbado boca abajo sobre mi toalla, encima de un suelo de baldosas de cemento o algún material parecido. Mi visión se dirigía directamente a ese pavimento a muy corta distancia, y como soy miope y no llevaba las gafas puestas, mis ojos a esa reducida separación, unos cuantos centímetros, me permitían tener una nítida visión de los más mínimos detalles de esa superficie. De todos es sabido que este defecto visual proporciona a quienes lo padecemos sin embargo una enorme precisión y agudeza visual en las distancias cortas.
.......No prestaba yo atención en ese momento al micro paisaje, por lo demás bastante monótono, que tenía delante sino que seguía el curso errático de mis pensamientos hasta que lo vi.
.......Un diminuto animal, insecto, arácnido o algo aproximado, cruzó mi horizonte a una velocidad vertiginosa para su tamaño. Era de un rojo intenso, quizás ello me permitió distinguirlo pese a su pequeñez. En uno, dos o tres segundos, ¡no!, imposible tanto, cruzó la gran loseta que tenía bajo mi cara y salió de mi campo de visión, perdiéndole por completo.
....... Me quedé sorprendido debido a dos factores esenciales, su ínfimo tamaño y la celeridad de su paso. Porque no me cabía duda de que el bicho en cuestión caminaba, o más bien corría, no volaba ni lo llevaba el viento. Su rumbo era exacto, rectilíneo y su velocidad uniforme. Efectivamente era imposible que le apreciara las patas a simple vista, pero no me cabía la menor duda de que se desplazaba por ese medio.
....... Me di cuenta de que tenía a mano, dentro del libro que había traído conmigo, un marca páginas en uno de cuyos bordes estaba impresa una pequeña regla graduada. No perdí un instante en cogerlo y ponerlo delante de mis ojos para hacer una pequeña comprobación.
....... La regla estaba dividida en veinte centímetros y cada uno de ellos se subdividía, como todo el mundo puede entender en diez milímetros. Pues bien visualice extrayéndolo de mi memoria la silueta del bichito que acaba de ver y el espacio comprendido entre las rayas que marcaban los milímetros me pareció enorme comparado con aquel. Sin duda alguna cabía varias veces, bastantes veces, en ese espacio.
....... Como seguramente sabe el lector, la medida más usada por debajo del milímetro es la micra, que es su milésima parte. Yo calculo que aquel ser podía medir, exagerando su tamaño a la alza, como 100 micras, o sea, 100 millonésimas de metro, seguramente menos.
....... Si calculamos que cruzó un espacio de unos 40 centímetros, mi campo de visión en ese instante, en unos dos segundos, juraría que fue incluso menos, es decir, 20 cm. en un segundo, esto significaría que recorrió en ese lapso dos mil veces su longitud.
....... Teniendo en cuenta que un caza militar, de unos diez metros de fuselaje, que considero un valor muy probable, lanzado a velocidad supersónica, digamos por ejemplo a cuatrocientos metros por segundo, recorre en ese tiempo cuarenta veces su largura, llegamos a la conclusión de que ese pequeñísimo ser avanzaba cincuenta veces más deprisa que una sofisticada máquina de la civilización humana.
....... No estoy inventando una fábula, yo fui testigo del paso de ese animal y como tal lo cuento. Los cálculos se basan en mediciones por supuesto poco rigurosas, pero me daría igual que me convencieseis de que en realidad solo corría comparativamente a veinticinco veces la velocidad a la que vuela un reactor militar.
.......¡¿No os sorprende?! A mí, sí, mucho. Y es que estos fenómenos extraños de la Naturaleza, demuestran su increíble complejidad y además lo poquísimo que sabemos de ella. Nos creemos que el mundo y el universo no nos guardan ya ningún secreto, que todo está descubierto y que el hombre, amo indiscutible de la creación, dueño y señor de este nuestro planeta, es la culminación de la Creación divina. Por favor… ¡no apostéis por ello!

 


 

PRISCILLA´S HOUSE

.......Los siglos pasan, se desgranan despacio uno tras otro y yo continúo en pie. Plantaron mis cimientos profundos en el suelo y por eso me sigo irguiendo desafiante y orgullosa, recortando mi oscura silueta contra el gris plomizo del cielo tormentoso o el negro misterioso salpicado de ínfimas luminarias de las noches sin luna.
....... Este corazón carcomido late en silencio mientras contempla el transcurso del tiempo, mientras mis paredes se retuercen, crujen y se agrietan. El agua corre por mis quebradas tejas y por mis cristales rotos ulula el inquietante quejido del viento. En el jardín crecen salvajes las zarzas y las ortigas en tanto la hiedra trepa por mis muros; diminutas flores descoloridas de rancio aroma ocuparon hace mucho el lugar que dejaron las rosas marchitas. En mis lúgubres salones, los suelos se cubren de polvo y las telas se enmohecen al tiempo que las arañas invaden con sus redes esquinas y suntuosas lámparas inservibles.
....... Ya saben muchos que guardo un secreto; al llegar la medianoche, una y otra vez, el piano empieza a tocar esa melodía desafinada, un canto a la decadencia, que hace danzar y bullir a ciertas sombras fantasmales atrapadas en un baile frenético. Todos los vivientes acarreadores de secretos, transgresiones y crímenes, ocultos en mis recovecos, en mis tenebrosos corredores, tras puertas carcomidas que nadie debería abrir, salen de sus escondrijos para invocar y construir esa fantasía abominable, sumidos en la interminable pesadilla de la culpa y el remordimiento.
....... No vengáis solos en las noches oscuras. Os lo dirán en el pueblo, estoy encantada.


 


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