Antonio López graba con una videocámara Samsung VP-D37W lo que nadie ve.
Desde que su esposa le regaló la máquina maravillosa no hace otra cosa que utilizarla. Ha dejado el trabajo incluso, apenas si duerme. Todo el tiempo de su vida es ahora para esta tarea inconmensurable. Es apasionante el capturar el instante irrepetible de las personas y las cosas para la eternidad. Es increíble el poder visionarlo, tal cual fue, luego, en cualquier otro presente del futuro.
Desde que recibió este regalo ve mucho la tele, sobre todo por la noche, que es cuando las calles se quedan desiertas y oscuras. La ve porque comprende la importancia del latido humano de esas imágenes. Las imágenes de la tele, aún estando atadas al banco de lo inmutable, se parecen más al fluir físico del mundo. Pasan y se pierden para siempre en el hueco negro del olvido. Por eso, cuando ve la tele, graba lo que ve, las ata para siempre a su yo. Luego, en cualquier otro momento del futuro, las ve, una y otra vez, hasta que quedan retenidas en su memoria.
Por eso, a veces, se siento agotado, y triste; y no sabe muy bien por qué. La verdad es que todo este transito incesante termina por marearlo. Es aquí cuando se siento indispuesto y la cabeza empieza a darle vueltas; cuando, para no caerse, cierra los ojos. Es entonces, en todas las ocasiones, cuando se le aparece el brocal del pozo. Es ovalado, de piedra pizarrosa unida con una argamasa de barro y paja, con extraños símbolos que no sabe descifrar. Ve el brocal y siente la necesidad de mirar dentro. Es como si una llamada amiga suplicara su presencia. Mira y veo el agua del color de la noche, allá en el fondo, y el reflejo de la luna en las ondas que produce el chapoteo de algún animal acuático. Mira y ve el cuerpo de la niña, inmóvil, cubierto por un camisón blanco. Siente un escalofrío por todo el cuerpo, y una humedad que se arrastra por sus labios resecos.
Antonio graba con esta videocámara el fondo del pozo, graba el cuerpo inanimado de la niña; y también el momento exacto en el que el alma de la pequeña se alza de pronto hasta su ojo izquierdo y le posee. Y no, no pregunte otra vez por este asunto. No pregunte porque usted ya sabe, ya lo sabe todo. Sí, la niña está en el fondo del pozo ovalado, y también en el fondo de su ojo, o sea en la piel de su alma, para siempre.
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