He alcanzado una vez más
este plato inútil,
y he tenido por suerte
corazón y algunas vidas para atragantarme,
no con cucharas, sino con heridas.
He raptado sobre este plato
alguna porción
debida de soledad y tenedor y arroz,
y los he escondido en mis bolsillos,
para manyar luego algún grito
más algún champiñón dorado todavía.
He alcanzado este plato inútil
y sin embargo debo levantar
solas mis manos;
debo, simplemente,
levantar mi plato y ofrecerte en él,
¡Señor, un mediodía demasiado vivo!
¡Pero he botado!, ¡he botado con descuido
esta cuchara Tuya y mía!,
Tuya y mía…
como una herida…
(Costa Rica)
|