Soneto el “O”,
dedicado al recuerdo de mi padre, el poeta
Manuel Vicente Juan.
Algo tiene el instante de sagrado
sólo el tambor redobla. Peregrino
luce el atardecer, lánguido y fino,
y rompe en el rubor de su costado.
El Gólgota, en silencio, ha generado
emoción colectiva. Lo Divino
se siente como propio en el destino
de expresivo Jesús, crucificado.
Ya resuena el clarín como un arrullo.
Vibra un ramo de lirios en el viento.
Llora la libertad. Calla el orgullo.
La multitud se entrega en el intento
de consolar a Cristo, mío y tuyo.
Algo de eternidad lleva el momento.
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