Corre el tren...
mientras las sirenas urgentes en tus ojos
se escuchan como amapolas lentas
en el paisaje interior de tu carne.
En espiral viajan los sueños,
paralelos los labios a la palabra,
oxígeno de las horas, tu latido.
Corre el tren...
a la velocidad que no se ausenta,
y todo lo escrito menstrúa en la piel
y es escarcha en las estaciones
donde la memoria se llena de margaritas
que se columpian en los olmos,
como ángeles de nieve que esperan
primaveras y meses amarillos. |