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Revista Tirano Banderas Digitalnº 0

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EL PAYASO
por Emilio Porta

 

      Decidió ser payaso y abandonar sus sueños. Puestos a tener que hacer el ridículo para poder vivir, por lo menos que le pagaran por ello. Eran tiempos difíciles y extraños en los que, a pesar de todo, la respetabilidad seguía siendo un valor social referente.
       Aunque el circo tradicional parecía estar en decadencia, todavía existían multitud de carpas nómadas que, cada temporada, iniciaban un largo periplo de públicos y poblaciones. Su audiencia eran los niños. Y con ellos, sus padres. Estos siempre pensaron que los payasos detrás de su máscara misteriosa y alegre guardaban secretos inconfesables. Los mayores imaginaban vidas terribles escondidas en el disfraz: peligrosos presos huidos, políticos perseguidos después de haber arruinado a su país, famosos buscados por Hacienda…Pero nunca les decían nada a los niños para que éstos se quedaran sólo en la superficie de esos peculiares personajes que les alegraban la tarde y les hacían reír.
       Un buen día a ÉL le tocó recalar con su circo en la ciudad en la que había vivido gran parte de su vida. En la ciudad de la que había desaparecido, de improviso, dejando amigos, relaciones, empleo y toda su vida anterior. Pensaba que nadie le reconocería en el hipotético caso de que se encontrara entre el público alguien conocido, pero la tarde de la premiere una extraña inquietud se apoderó de su alma. Mientras se ponía las ropas, el enorme lazo, los zapatones y la peluca, cogió más crema que nunca y se embadurnó la cara de blanco con todo el bote. Luego se pintó exageradamente y se puso encima de la peluca un enorme sombrero que le tapaba casi por completo.
       Y salió a la pista seguro de su anonimato. Palabras, juegos, silencios, piruetas, todo lo hizo como un autómata. Sentía, sin embargo, que en alguna parte de la carpa, unos ojos diminutos estaban clavados en él.
      " !Qué payaso más raro, papá. Parece mejicano o algo así. No se le ve la cara!". "Ya, hija, los payasos han evolucionado, no son como cuando tú eras pequeña. Los tiempos cambian." "Y mira cómo se mueve…¿sabes, me recuerda a aquel vecino que vivía al lado de nuestro chalet, el que siempre estaba regando las plantas y un día desapareció." " ¿El escritor, Raúl…? ¡Pero si eras muy pequeña! " "Si, pero yo le quería mucho. Cuando me dormía, como mi ventana estaba a la altura del cuarto donde él escribía, yo no necesitaba luz, veía con la suya. Siempre imaginaba, viéndole trabajar… que estaba escribiendo cuentos para mí".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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