Este país, literariamente hablando, se está yendo por el desagüe del retrete.
No hay más que fijarse un poco, aguzar el ojo y darse una vuelta por los culturales de los periódicos. ¿Que alguno se salvará? Sí, claro, faltaría más. Entre la inmensa cantidad de basura que nos tragamos siempre hay algún bocado apetecible; si no, estaríamos muertos y tampoco es eso.
Me ha dicho mi primo (últimamente este arranque es la mar de socorrido) que el gallinero de los escritores tiene los palitroques hasta arriba de mierda. Pero es que mi primo es un deslenguado y un resentido. Ya se sabe que todo el que saca los trapos sucios en esto de las literaturas es porque está resentido o es un plumífero muerto de hambre o ambas cosas.
Me confieso deslenguado y resentido: Lo uno porque es mejor ser un mal hablado y usar la lengua sin vergüenza que hacerlo sólo para pasarla por el trasero de los poderosos; y lo otro porque es cierto que siento náuseas continuadas al ver cómo una sociedad —la literaria en estos casos— nos trata a todos.
Que se lo pregunten a la Fiera Literaria ( www.lafieraliteraria.com ) que no para de dar estopa y de recibirla y que, más allá de acuerdos o desacuerdos literarios y hasta ideológicos, es lugar donde se pone en solfa la desvergüenza del mundo de la novela en España. ¡Estoy yo por decirles que empiecen con la poesía, que también tiene tela que cortar! Vamos a ello.
Acaba de surgir cierta polémica — poca me parece — alrededor del certamen de poesía "Viaje del Parnaso", importante en euros y nivel de publicación, a un poeta que figuraba en el jurado de la primera edición, en 2006, y que se salió del jurado en 2007 para presentarse al premio ¡y se lo dan! No digo que no pueda hacer eso un autor, pero resulta sospechoso... huele a apaño por los cuatro costados. Sobre todo porque no es la primera vez que esas circunstancias se dan; ha ocurrido en algún otro premio del mismo entorno, con la misma editorial detrás. Para mayor escándalo, se ha comprobado que algunos de los poemas del libro estaban publicados en otro del mismo autor, editado en La Rioja. Y, aún más, parece que el susodicho, afirmó en una entrevista (Europa Press, 17-10-07) días antes del fallo del premio, que estaba finalizando un libro de poemas titulado "La prosa del mundo" que es como se titula el libro publicado en La Rioja y como dijo, en público, durante la entrega, que se titulaba el ganador del premio en cuestión, aunque hubiese sido presentado con otro título. Ya no es olor, es tufo.
En el jurado del premio aparecen nombres ilustres y respetados de la poesía española, así que cabe preguntarse si están en el ajo, o si no se enteran de nada. Como parece que no es la primera vez que estas cosas suceden, o estos poetas denuncian las irregularidades y abandonan estos jurados, o empezarán a perder su condición de respetados para ser todo lo contrario.
Está todo tan revuelto, tan podrido, que mi primo estuvo vomitando un buen rato cuando hablamos de ello y a mí, ahora mismo, una arcada se me va y otra se me viene. Y que conste que hay premios honrados, muchos; pero es frecuente que la honradez baje según sube la dotación económica
Como hablamos de personajes conocidos y mediáticos, defenderán sus posturas con argumentos de todo tipo, y quedaremos los que hablemos en contra de sus inmundos trapicheos como envidiosos y retorcidos. Alguien alegará que lo mejor es la prudencia, que en todos sitios cuecen habas, que hay que ser comedido en la crítica... ¡Y una leche! Bastante hago con no nombrar a los sujetos en cuestión.
¿Qué quieren que hagamos? ¿Callarnos todos? ¿No se darán por enterados los ayuntamientos o entidades, que pagan estos premios año tras año, muchas veces con dinero público? ¿Van a seguir apostando por estas aventuras malolientes?
Claro que si este tipo de cosas se dan también en premios oficiales, nacionales y hasta internacionales, ¡pues nada! ¡vamos a jugar todos a la gallina ciega! ¡Aquí no pasa nada!
¡Por qué no te callas! dirá alguno (frase también de moda) pero es que si nos callamos todos, nos van a seguir chuleando de mala manera. Por mí que no sea.
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