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¡QUÉ MAL!
(d.m.t.d.n)
por Antonio Castillo-Olivares Reixa
¡Qué frío!
Me abrazo a mi hermana en busca de calor. Es que la muy… se coge toda la piel. Estamos todos muy juntos pero esta noche parece no servir de nada.
Más allá de mi hermana está mi poderoso padre y mi protectora y severa madre, entre ellos, los pequeños, más lejos el resto de mis hermanos y hermanas, al final mis sabios abuelos. Enfrente y a los lados mis tíos y todos mis primos, y los demás familiares y los acogidos….
¡Qué sueño!
Pero no consigo dormirme. Estoy cansada de todo el día trabajando y jugando, jugando y trabajando, y de las dos cosas a la vez, pero puede que sea el frío, no sé. El caso es que no paro de pensar y recordar cosas.
Ya sé, es este ruido, son tantos roncando… y muchos parecen inquietos, hasta hablan en sueños. Pero no es eso, porque es así todos los días, supongo. Sí, es así. ¡Qué larga se hace la noche!
¡Qué hambre!
Es que hoy nos ha dado madre muy poco de cenar, sobre todo a los pequeños. ¿Será por eso que no me duermo? Si es que me duele la tripa de lo vacía que está. Me dio rabia ver lo poco lleno que estaba nuestro cuenco, y todavía me dura el enfado. Es que lo hemos limpiado en un instante, y las abusonas éstas siempre comen más rápido. Les da igual que a ti no te llegue, lo primero es llenar su panza, y luego tan amigas: “¡Cuánto te quiero nenita!”. ¡Bah! Y los mayores muchas veces ni se enteran.
¡Qué oscuro!
Es que no se ve nada, hoy no le toca estar a la luz blanca, la Madre de la Tierra, siempre dice mi abuela. No me atrevo ni a abrir los ojos porque me asusta el no ver nada. Espero que no falte ya mucho para que se vayan las asquerosas tinieblas. Puede que fuera se vean las lucecitas entre las nubes, pero… ¡cualquiera sale a mirar!
¡Qué miedo!
Estoy muy asustada. ¡Y si viene a por mí una fiera!, muchas ven mejor que nosotros en la oscuridad y andan sin hacer ningún ruido. Y ya lo han conseguido alguna vez, meterse en la cueva y llevarse a alguien. Seguro que algún mayor está en la puerta vigilando… ¡pero no es suficiente!, las otras veces se supone que también alguien estaba despierto.
¡O si me pica un bicho! ¡Qué horror, esto es muy fácil!
Pero me parece… sí, empieza a haber luz, veo la entrada. Debe estar amaneciendo y yo… qué bien, ya tengo menos miedo, dentro de poco la luz dorada, el Padre del Cielo, estará fuera. Creo, creo… que… me duermo.
- ¡ARRIBA GANDULA!
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