EL ÚTERO DE LA TIERRA
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El acto mismo de nacer,
nuestro primer ultraje, el hurto primero. 
Él no se da a la desesperación,
sigue firme en el calvario:
así es El Amor.

Te olvidamos, e inventamos el mundo;
mas poco a poco se nos desmoronan
las ínfulas y la fuente se seca.
—¿Quién no se acuerda entonces del útero de la tierra? 
Así somos.

Te fuiste a las nueve y tres minutos de la tarde; 
no eran las cinco en punto siquiera.
Aún no has vuelto.
Mientras diseño la lápida de tu tumba, 
me duele este robo último; tu ausencia.


OLÍA A TRAICIÓN Y SOLEDAD 
PRIMERA PARTE
Los versos de la historia