OLÍA A TRAICIÓN Y SOLEDAD
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Mis besos, el único billete 
para el viaje que te puedo dar; 
la única medicina posible.

Olía a traición y soledad en el huerto, 
bajo las antorchas encendidas y la noche.

Y no me llaméis Judas,
que lo mío es la impotencia.
"¿Acaso ella no se marcha sola?", te pregunto.

La cabeza, caída sobre el hombro izquierdo. 
El envés de las manos, mirando a lo alto, 
más allá del techo, el cielo, las estrellas; 
rodeada de esta luz excesiva del estío,
envuelta en ese blanco hiriente de las sábanas 
que ocultan la verdad.

Estás ya muy deforme.
La hemorragia sube
y toca y te encharca un poquito 
los pulmones.


OLÍA A TRAICIÓN Y SOLEDAD 
PRIMERA PARTE
Los versos de la historia