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. un poco de sol y un metro cuadrado de arena era bastante. .
Tú ibas siempre detrás, en
segundo plano, corno el silencio.
Cargabas con la cesta de mimbre en la que el pan, la tortilla de patatas, el mantel —cuadros rojos y blancos, peces de colores variados—, los tenedores, la fiambrera... esperaban. Transportabas las toallas y los bañadores; también, tu único afán, que se cumpliera el tito del descanso, que se nos infiltrara la alegría del abrazo que el verdemar y el azulcielo traían desde el horizonte distante. .
Tú derribabas el dragón feroz
que la pared del silencio levantaba
cada día, nada más irnos a la escuela, cuando apenas si había salido padre camino de la mina, en el mismo instante en que las vecinas extranjeras cerraban las ventanas; entonces, el sol de Extremadura parecía sólo una posibilidad, únicamente un deseo del recuerdo, exclusivamente la lágrima vencida que engendra la palabra dulce del cuento añejo y la lumbre. .
Con un poco de sol y un metro cuadrado de
arena era bastante.
Así espantábamos el miedo. |
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OLÍA A TRAICIÓN Y SOLEDAD |