SÉ DEL CANSANCIO
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Nos dieron algunos meses para la despedida.  
"Desde que sabemos del mal, nueve",  
dijo el mejor cirujano de España. 
"Para septiembre u octubre", pienso. 
Es pronto, mayo; no dejarte sola nunca más,  
poner la mentira en el anzuelo. 
Tú te acercas a la cuna y haces como que ves  
que la esperanza todavía sonríe, 
y que la fe no necesita aún de la ceguera. 

— ¡Qué poca esencia de ti en la rueca queda!  
Láquesis la devana y ora, ausente el mirar. 
— ¿Con qué cortas, sanguinaria Átropos,  
la hebra de este amor y su plegaria? 
Apenas treinta días, nada. 
"¡Qué lentos estos minutos!"; mientras  
tu cruz con tu sangre negra va 
empapándose y creciendo. 

Sé del cansancio de todos y del presagio.  
Tú no dices nada. Suspiras; pero yo veo  
que te asomas a la ventanilla del tren, 
de ese fatigado tren ineludible que simula agonizar,  
que agitas el pañuelo inmaculado a modo de saludo,  
tapada toda por el humo blanco de la locomotora,  
como en las viejas películas.


OLÍA A TRAICIÓN Y SOLEDAD 
PRIMERA PARTE
Los versos de la historia