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La inocencia en tu boca 
se abre. Ese perfume 
de tu voz que se expande 
son amaneceres verdes 
que disipan la feroz 
noche de la ciudad. 
. 
. 
¡Allí, en donde la tierra recuerda 
sus pechos henchidos dándote altura: 
cuerpo de mujer! 
. 
. 
... Naces. 
. 
. 
Los ojos, desde cualquier 
ventanillo de la casa, 
otean la inmensidad 
y se entremezclan con ella, 
y se tornan ave y vuelo 
en la amplitud del campo. 
. 
. 
¡Allí, en donde el cielo parece 
más lejano del suelo que se aplasta: 
la altura se aleja! 
. 
. 
... Vives. 
. 
. 
Te entregas a las labores. 
Las aves de la angostura 
duermen el sueño imposible. 
Un tributo que germina 
de tus manos de hermana 
sobre el ámbar de los mundos. 
. 
. 
... Feliz. 
. 
. 
Con el manto de la furia 
y el nerviosismo, llegas 
a estos oscuros cuartos 
en los que yo te espero: 
imposible unir los humos 
de la noche y el día. 
. 
. 
¡Desde aquí, en donde las rejas no son 
andaluzas sino lóbregos imanes 
que se ahuyentan! 
. 
. 
... Mueres.

MULETA Y VIENTO 
1
Te licúas lenta