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Hay un hechizo en las chispas 
que brotan de las espadas, 
una súplica oculta 
y una grandeza brillante. 
Hay como una eternidad 
gozosa que se mantiene. 
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Cuando la vida nos ata 
y no sabemos vivir, 
necia penumbra que mece 
los deseos de los niños, 
ansia fiera que germina 
entre el estiércol del miedo. 
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¡Ay!, le suspiran los hados 
que miran sus pies cortados 
y le susurra la luz 
dorada del ventanillo, 
¡Ay!, se lamenta la calma  
de los días de diario. 
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Cuando recuerda que nunca 
habrá de luchar y morir, 
la tarde añeja se duerme 
y el aire silba en los vanos, 
sueño imposible que cae 
sobre el afán que se vierte. 
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La voz que ilumina llega, 
y abre los mundos cerrados.

MULETA Y VIENTO 
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Mundos cerrados